hipersexualidad

La Hipersexualidad

Introducción a la Hipersexualidad

El 5% de la población sexual activa son adictos al sexo. Esta enfermedad predomina en varones. 1 de cada 5 adictos es una mujer. Este último dato es difícil de confirmar puesto que las mujeres tienden a esconder más la adicción por miedo a ser juzgadas más duramente que los hombres.

Hasta ahora las personas que conviven con una necesidad de búsqueda desenfrenada de placer y de sexo eran vistas como pervertidas, delincuentes, etc. En la actualidad, cada vez más son reconocidas como personas enfermas. Son adictos al sexo.

La adicción al sexo se trata de un trastorno del comportamiento caracterizado por una incesante búsqueda de contactos sexuales, ante una incontrolable necesidad de aplacar el deseo sexual. La disociación entre los sentimientos y el sexo les conduce a una espiral de insatisfacción, sufrimiento, soledad y depresión.

Pero, ¿Cuál es el umbral de número de veces que el ser humano debe tener sexo para no considerarse adicción? ¿Dónde está el límite?

Es difícil encontrar ese límite y poder estipular un número correcto de veces.

Más bien se trata de cómo afecta a tu vida y a tu rutina dedicar tantas horas a un tipo de comportamiento.

Cuando el deseo de tener relaciones, ver pornografía o masturbarse es demasiado frecuente, y la búsqueda de satisfacción del mismo ocupa gran parte del día, o conlleva consecuencias negativas, estamos hablando de una adicción al sexo.

¿Cuáles son las posibles causas de esta adicción?

Las verdaderas causas de la adicción al sexo son múltiples. Suele deberse a un trauma que no tiene que ir ligado necesariamente a una violación sino simplemente a un trauma sexual. Quizás el haber vivido en un ambiente muy sexual a una edad demasiado temprana, un hecho puntual o haber tenido un progenitor negligente, alcohólico o que también haya sufrido una adicción.

Cuando ese niño llega a la edad adulta reproduce aquel esquema porque ha aprendido que ser adicto es lo normal.

¿Por qué se considera una adicción?

Cada vez hay más estudios en los que se demuestra que el comportamiento impulsivo de búsqueda de placer y de relaciones tiene componentes comunes a otras drogas como la cocaína.

Al igual que en el caso de la cocaína, por ejemplo, estas personas adictas al sexo hacen que toda su vida, amigos, familiares, trabajo, gire en torno al sexo. Son personas dependientes, que aunque lo deseen no son capaces de salir de ese círculo vicioso de placer y desenfreno. No son capaces de aplacar sus impulsos.

Corren riesgos: relaciones sin protección, lesiones,… Si en algún momento son capaces de estar un tiempo sin practicar relaciones o ver pornografía experimentan lo que se conoce como síndrome de abstinencia.

Por último, como cualquier otro tipo de droga contamos con las recaídas. Estas suelen ser duras pero inevitables, forman parte del proceso de curación. Lo importante es que a cada recaída le demos un sentido. Cuanto más sentido le demos a las recaídas más se espaciaran y menos frecuentes son.

Cada vez hay más casos en los que una persona adicta al sexo es poli adicta. Quiere decir que suelen ser personas que además del sexo tienen una segunda adicción, como puede ser al alcohol o a la cocaína, entre otras. El papel que juega esta segunda adicción es la de desinhibir a la persona adicta al sexo y romper las barreras las cuales suponen tener relaciones sexuales sin protección, dormir menos, más excitación, tener menos control de sí mismo, en definitiva, más autodestrucción.

Entonces, ¿cómo salir de ese círculo vicioso?

A veces hace falta un punto de inflexión para poder salir, puede ser perder el trabajo o una ruptura sentimental. Esto puede hacer que los adictos al sexo abandonen finalmente la negación y rompan el silencio y se decidan a pedir ayuda.

El primer paso para acabar con la adicción es dejar de negarla, es decir, aceptar que tienes un problema con la sexualidad y que no puedes controlar.

El segundo paso es contar a tu entorno más cercano que tienes un problema con el sexo y que necesitas ayuda profesional para comenzar un tratamiento.

Si has dado ya estos dos pasos, bravo, eres un/a valiente. Ahora quedará un largo camino por recorrer hacia la libertad y hacia la reapropiación de tú propio cuerpo.

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